Europa vuelve a sufrir una guerra. Esta vez en Ucrania, que es la víctima de una invasión injustificable por parte de Rusia. Y si hay guerra hay propaganda; otro frente de batalla. Esto es así. Y, desgraciada y lamentablemente, es la ocasión apropiada para hablar de los principios propagandísticos en tiempos de confrontación bélica: “los diez mandamientos de la propaganda de guerra.

El político pacifista inglés Henry Ponsonby (1871 – 1946) ya describió en 1928 un “decálogo de la propaganda de guerra”, al indicar en su obra “La falsedad en tiempo de guerra: Las mentiras de la propaganda de la Primera Guerra Mundial” los diez principios con los que las naciones beligerantes aprendieron a mentir no sólo al enemigo sino a sus propias poblaciones para hacer de la guerra una causa justificada.

El “Decálogo” de mentiras propagandísticas es:

  1. “Nosotros no queremos la guerra”.
  2. “El enemigo es el único responsable de la guerra”
  3. “El enemigo es un ser execrable”
  4. “Pretendemos nobles fines”
  5. “El enemigo comete atrocidades voluntariamente. Lo nuestro son errores involuntarios”
  6. “El enemigo utiliza armas no autorizadas”
  7. “Nosotros sufrimos pocas pérdidas. Las del enemigo son enormes”
  8. “Los artistas e intelectuales apoyan nuestra causa”
  9. “Nuestra causa tiene un carácter sagrado, divino, o sublime”
  10. “Los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores”.

Durante las siguientes guerras del siglo XX y XXI se ha podido observar la vigencia de dicha obra y de dichos principios. De hecho, otros autores han recorrido el mismo camino que Ponsoby (y que ya apuntaba en 1917 el senador republicano estadounidense Hiram Johnson) para llegar a conclusiones iguales. Es el caso de “Principios elementales de la propaganda de guerra”, una monografía de Anne Morelli publicada en 2001, un siglo después de que el político inglés hiciera público su pensamiento al respecto en el citado libro.

Anne Morelli describe en su ensayo los diez “mandamientos” de la propaganda de Ponsoby mediante el análisis de los medios de comunicación, y muestra la regularidad del uso de los diez principios en los medios y en otros ámbitos de la sociedad durante las guerras de nuestra época, como Kosovo, la Segunda Guerra del Golfo, la Guerra de Afganistán, o la Guerra de Irak. “No pondré a prueba la pureza de las intenciones del uno o del otro. No voy a averiguar quién miente y quién dice la verdad, quién está creyendo lo que dice y quién no. Mi única intención es ilustrar los principios de propaganda que se utilizan y describir su funcionamiento”, afirma Morelli en el propio libro.

De forma parecida, José Rúas Araújo escribe sobre “Los diez mandamientos de la propaganda de guerra desde la 1ª y 2ª guerra mundial, pasando por los Bush y llegando hasta Aznar”, recogidos en el libro “Comunicación y guerra en la historia” coordinado por Alberto Pena Rodríguez.

Habrán cambiado las formas de comunicar, los canales por los que se transmite la información, habrá nuevos medios para hacerlo, como es el caso de las redes sociales, pero lo que no cabe duda es que los principios de la propaganda de guerra que Ponsoby describía hace un siglo siguen plenamente vigentes. Como señala Paula Alonso Santos en “Comunicación, propaganda, relato: el otro frente de la guerra de Ucrania” El País: “Aunque la primera imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en un conflicto armado es la de la batalla propiamente dicha, existen numerosas esferas donde los actores enfrentados miden sus fuerzas y organizan sus estrategias ofensivas y defensivas, en coordinación con sus aliados más cercanos. A la descarnada lucha militar, a la pugna por ocupar, mantener o recuperar el control del territorio se le unen las confrontaciones económicas, comerciales, culturales… La guerra de Ucrania es un buen ejemplo”.